martes, julio 04, 2017

La increíble historia del hombre más longevo de todos los tiempos



Algunos portales de Internet lo presentan como “el hombre más viejo del mundo”, tras haber fallecido en 1933 nada menos que a la edad de ¡256 años! Otros, como si detrás de su figura pudiera haber una fórmula mágica, lo anuncian, de manera rimbombante, así: “Rompe el silencio antes de su muerte y revela su secreto”. Pero, ¿existió, realmente, el sorprendente Li Ching Yun o Li Ching Yuen?

En principio, la historia de un hombre al que se le atribuye una vida de más de dos centurias tiene todos los condimentos de una película de ciencia ficción. Se han escrito miles de páginas alrededor de su legendaria figura, y hoy se continúan escribiendo…

Una historia increíble

Más o menos hay consenso en torno al lugar de nacimiento de Li Ching Yun o, como se lo menciona en algunos textos, Li Ching Yuen. Sería en la provincia china de Sichuan.

Maestro taoísta, herbolario y practicante del Chi Kung (una técnica de ejercicios para cultivar energía), algunas fuentes refieren que también practicó y enseñó artes marciales.

Se dice que él mismo afirmó haber nacido en 1736, pero Wu Chung Chieh, profesor de la Universidad de Chengdu, aseguró que el año exacto es 1677, ya que en los registros imperiales del Gobierno de China encontraron dos felicitaciones del emperador a Li en 1827 por su 150 cumpleaños y una posterior a los 200 años.

Esa sería una prueba irrefutable de la edad del supuesto hombre más longevo que jamás haya existido.

Pero antes ocurrió algo que se toma como referencia fundamental para este caso…

El enigma de la esquela

El 6 de mayo de 1933, en la página 13 de The New York Times aparecía una esquela que daba cuenta del fallecimiento de un hombre, ese mismo día, después de haber vivido un total de 256 años.

Hay que ir más atrás todavía. Un antecedente a esa publicación aparece como testimonio de la presunta existencia de esta enigmática persona.

En 1928, un corresponsal —otra vez— de The New York Times escribió que ancianos del barrio de Li afirmaron que sus abuelos lo conocieron cuando eran niños, siendo él en ese momento un hombre adulto.

No obstante, algunos adjudican el descubrimiento de esta rara historia a Wu Chung-chien, en 1930.

¡24 esposas!

Otra de las particularidades que más ha llamado la atención de quienes se adentraron en la vida del longevo chino es que se le adjudican 24 esposas. A 23 de ellas las habría enterrado él, como era de esperarse, después de haber visto pasar 256 calendarios.

Cuentan que antes de su propia muerte atravesaba por su vigésimo cuarto matrimonio, esa vez, con una mujer de 60 años.

Según otras fuentes, en 1928 se le acreditaban 180 descendientes vivos, que comprenden 11 generaciones, “solo” en 14 matrimonios. •

El secreto de la longevidad

Además de las dos referencias concretas de The New York Times, otro medio importante, la revista Time, publicó el 15 de mayo de 1933 un artículo titulado “Tortoise-Pigeon-Dog” (Tortuga, paloma y perro), en el que se informaba sobre la increíble vida del maestro Li Ching Yuen y se citaba su secreto para la longevidad.

Se trata de un verdadero proverbio de vida que aplicaba, según parece, a rajatabla: “Mantén un corazón tranquilo, / siéntate como una tortuga, / camina rápido como una paloma / y duerme como un perro”.

Entre las curiosidades de este personaje se cuenta que vendió durante más de 100 años hierbas que él mismo recogía. También, que tenía las uñas de la mano derecha muy largas, al punto de llegaban a medir más de 15 centímetros.

La Centella asiática, otro misterio

Que en su décimo cumpleaños estaba alfabetizado, que era técnico de tácticas militares, que viajó mucho y que luego pasó un largo tiempo viviendo en el Tibet, buscando su razón de ser y una vida más espiritual, recolectando plantas medicinales en todo el mundo. Todo esto y más se ha dicho y escrito sobre Li, que, según distintas versiones, puede ser Ching Yun o Ching Yuen.

Por ejemplo, que su dieta se basaba principalmente en el arroz y en el vino de este cereal. O que consumía gingseng y una planta poco conocida, la Centella asiática (Hydrocotyl asiática).

De esto último se han valido científicos de la época para burlarse. Pero uno de ellos, el bioquímico francés Jules Lepine, encontró un poderoso alcaloide de efectos rejuvenecedores en las semillas de esa curiosa planta, lo que acrecentó la leyenda.

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